viernes, 19 de abril de 2013

Laguna de Rocha El pulmón verde más grande del Conurbano


Abarca una superficie de 1.400 hectáreas, de las que 700 están protegidas por ley.  Habitan allí cientos de especies de aves, flora y fauna. Cumple una función de depuración del agua y el aire

Pocos lugares de la Argentina albergan historias tan antiguas como la Laguna de Rocha, en Monte Grande. Allí, donde hoy se levanta el barrio 9 de Abril, el 15 de junio de 1936 Diego de Mendoza (hermano de don Pedro) fue vencido por los querandíes en el Combate de Corpus Christi. Del combate queda como reliquia la espada de un capitán de Mendoza, Bartolomé de Bracamonte, encontrada por un paisano a fines del siglo XIX cerca del arroyo Ortega. La espada, si bien no está en exhibición, se encuentra en el Museo Histórico de Santa Fe. “Yo la tuve entre mis manos”, dice Martín Farina (26), estudiante de la Licenciatura en Paleontología e integrante del Colectivo Ecológico Laguna de Rocha, una agrupación que reunió miles de voluntades en defensa de este “pulmón verde” amenazado por urbanizaciones, emprendimientos industriales y explotación agraria.
El humedal, el más grande del Conurbano, fue declarado Reserva Provincial Natural y Mixta por la Ley 14.488/2012 (ver “La lucha...) en diciembre pasado. Sus límites son la autopista Ricchieri, Transradio Internacional, la ciudad de Monte Grande y el río Matanza, llamado así porque en 1582, Juan Ruiz de Ocaña (hombre de Garay), derrotó a los querandíes y después de la faena arrojó allí sus cuerpos.
La laguna, bautizada de este modo porque en el siglo XVIII el terreno perteneció a Francisco de Rocha, tiene 1.400 hectáreas; 300 corresponden a espejos de agua. Abarca nueve ecosistemas.
El ingeniero agrónomo Hugo Graglia, también del Colectivo Ecológico, nació y vivió en Monte Grande y visita la Laguna (en realidad un conjunto de espejos de agua) desde que era chico. Ahora, cuando ya ha pasado los 50, sus compañeros más jóvenes se sorprenden de la agilidad, la fortaleza y el aguante de este hombre apasionado de la naturaleza y en especial de las aves, que puede pasar horas recorriendo terreno sin cansancio.
“Tenemos inventariadas 143 especies de aves –dice Graglia, que integra el Club de Observadores de Aves de Monte Grande–. Todas encuentran lugar para refugio, alimentación y reproducción. Hay gran cantidad de nidos juveniles, y eso indica que existe mucha reproducción. La Laguna es un corredor biológico con una gran diversidad de ambientes. Acá es posible ver cómo se diferencian un monte autóctono de un pastizal o de zonas bajas, inundables, bañados ocupados por totorales y juncales. O encontrarse dentro de un monte de talas, que dieron nombre a la ciudad.
Farina agrega: “Esta área es única, un verdadero laboratorio al aire libre que puede usarse con fines de investigación, de esparcimiento o educativos. Existe una enorme variedad de mamíferos: coipos, comadrejas, liebres, culebras, roedores, o reptiles, como el lagarto overo o las culebras, y también gran diversidad de especies vegetales. Acá pueden venir escuelas y aprender sin moverse del Partido”.
–¿Por qué protegerla? –Farina: Lejos de la idea de “qué linda es la naturaleza”, conservar este pulmón tiene una función importantísima. Hablamos de 1.400 de hectáreas en el área de la Cuenca Matanza-Riachuelo, la segunda más contaminada del planeta después de la del río Ganges, en la India. La Laguna cumple dos funciones: limpia y regula. Acá llegan tres arroyos (El Triángulo, el Ortega y el Guillermina), tan contaminados y con un nivel de oxígeno tan bajo que no permite la vida. En la laguna, en cambio, hay peces. Cuando llueve, toda el agua de 9 de Abril y Monte Grande va a la Laguna y desemboca en el río Matanza y, al revés, cuando llueve y rebalsa el Matanza, va a la Laguna y no a los pobladores. Es decir, regula naturalmente las crecidas.


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